Bea Campos, creadora de contenido conocida en redes como @beacamposgv, ha publicado un vídeo que ha captado la atención de los entusiastas de las escapadas de fin de semana. El destino es San Miguel de Ereñozar, un mirador situado en el término municipal de Ereño que, según sus propias palabras, es “espectacular”.
“"San Miguel de Ereñozar se encuentra en el término municipal de Ereño, sobre las cuevas de Santimamiñe, en la cima del monte Ereñozar."
La ermita se alza a 446,5 metros de altitud y, como subraya Campos, es “visible desde casi todos los puntos de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai”. Sin embargo, esta modesta ermita es el último vestigio de un lugar con una rica historia que se remonta a antes del año 1000. Bea Campos señala que “esta ermita fue al parecer la parroquia originaria de Ereño, y mucho antes fue un castillo”.
La ermita fue construida en el siglo X por los labradores censuarios dependientes de los señores de Bizkaia, y funcionó como parroquia de la anteiglesia de Ereño hasta 1660, año en que se edificó la actual iglesia parroquial en el barrio de Elexalde. Antes de ser ermita y parroquia, fue un castillo, cuya existencia está documentada en las crónicas de Alfonso XI. Las excavaciones arqueológicas de 2008 confirmaron la presencia de estructuras defensivas y una necrópolis medieval junto a la ermita. Los cimientos de la antigua muralla aún son visibles alrededor de la explanada del monte. En 1409, durante las violentas luchas de bandos, el castillo fue arrasado, sobreviviendo únicamente la ermita.
El acceso más sencillo parte del núcleo urbano de Ereño, a través de una carretera asfaltada que comienza justo detrás del Ayuntamiento y asciende por el noreste del monte. En coche se puede llegar hasta unos 200 metros antes de la ermita, y a pie, la subida dura entre 45 minutos y una hora.
El monte Ereñozar no solo destaca por su historia medieval. A sus pies, en la ladera que desciende hacia Kortezubi, se encuentran las cuevas de Santimamiñe, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008 como parte del conjunto de arte rupestre paleolítico de la cornisa cantábrica. En su interior se conservan 47 pinturas rupestres del período Magdaleniense, datadas entre 14.500 y 12.000 años antes del presente. Desde 2006, la cueva está cerrada al público por motivos de conservación, aunque se puede acceder al vestíbulo arqueológico y realizar un recorrido virtual en 3D en el centro de interpretación habilitado en la ermita de San Mamés.




