En los últimos cinco años, Gatika se ha consolidado como un punto clave para las residencias caninas. Uno de estos centros es Txakurargi, donde la socialización y la gestión de la jauría son pilares fundamentales. Los responsables de este centro explican que, una vez que el perro se adapta, el lugar se convierte en su hogar.
“"Es un trabajo exigente, que requiere dedicación constante, casi sin descanso. Sin embargo, el salario emocional es enorme."
Este salario se percibe en el comportamiento de los animales, su evolución y la confianza que muestran al llegar. Asimismo, los profesionales del sector advierten sobre la tendencia a humanizar en exceso a las mascotas. Subrayan que los perros deben aprender a estar tranquilos y no vivir estimulados todo el día, buscando el equilibrio al respetar su naturaleza.
También en Gatika se encuentra la residencia Jagón, que organiza a los perros en grupos según su carácter y tamaño para facilitar la convivencia. Este centro cuenta con grandes parcelas y capacidad para acoger a decenas de animales. Se observa una demanda creciente, especialmente durante las vacaciones y puentes. La paciencia y la empatía son clave en esta gestión, recordando que, aunque los perros son parte de la familia, siguen siendo perros.
Los precios de estos servicios, que rondan los diez euros diarios en guardería y algo más en residencia, han contribuido a su expansión. Los clientes llegan desde diversos puntos de Bizkaia e incluso desde Gipuzkoa, atraídos por un modelo que prioriza el bienestar animal. En definitiva, la idea que comparten todos los profesionales es sencilla: que el perro juegue, descanse y no note en exceso la ausencia de sus dueños.




