Tras la muerte de Franco y la necesidad de los partidos de salir de la clandestinidad, en 1976, Jokin Inza de Bergara entregó un sobre con un mensaje de D. Manuel de Irujo a esta personalidad: “Tenemos que construir la casa y usted es fundamental para ir poniendo los ladrillos”. Por ello, esta figura ya venía aureolada por el prestigio de ser navarro, promotor de ikastolas, euskaldunberri, así como empresario, uniendo en su currículum el haber sido presidente de la Cámara de Comercio de Pamplona.
Formó parte del Euzkadi Buru Batzar desde 1977 hasta 1980, hasta que fue elegido lehendakari. Su liderazgo fue vivido de cerca. Tras las elecciones legislativas de 1979, surgió la oportunidad de presentarlo como presidente del Consejo General Vasco en sustitución de Ramón Rubial, quien lo presidía desde 1978. Previamente, se tuvo que levantar la incompatibilidad para que siguiera siendo presidente del EBB del PNV. Aquello fue fundamental y la gestión interna, aunque no fácil, se logró.
“"Tenemos que construir la casa y usted es fundamental para ir poniendo los ladrillos."
Aquello fue determinante en la negociación estatutaria en 1979. Llevaba dos sombreros: el de presidente del Consejo General Vasco, figura institucional, y el del EBB. El Movimiento Comunista, el EMK, sacó un cartel donde aparecía esta figura dándole la mano a Adolfo Suárez como queriendo decir que uno y otro representaban lo mismo. Asimismo, desde HB se decía que no había que negociar nada a tres territorios para lograr un “estatuto vascongadillo”. Sin embargo, ese cartel significaba que la negociación era de tú a tú, y que el texto era bueno y que además lo negociaba un navarro que vivía en Pamplona.
Lo hizo muy bien y la opinión pública puso su mirada en ese político joven, moderno y contundente que sabía llegar a acuerdos. Y el referéndum del 25 de octubre de 1979 corroboró el ansia del pueblo por encauzar su situación frente al mundo de ETA y al de las inercias del pasado. De ahí que en diciembre de 1979, al pie de la escalerilla del avión procedente de París trayendo al lehendakari Leizaola del exilio, estaba esta figura recibiéndole y, al día siguiente, en Gernika, Leizaola le entregaba a él las llaves de la institución, un gobierno cuya legitimidad había guardado tras el fallecimiento de Aguirre en 1960.
No fue difícil pues que esta figura fuera el candidato del PNV a lehendakari en marzo de 1980 tras la aprobación del Estatuto de Gernika. “Todo un Gobierno para todo un pueblo” fue el lema de aquella campaña ganadora. Y la historia no comenzó a caminar sino a galopar. No fueron tiempos fáciles. ETA mató aquel año 1980 a una persona cada tres días y el partido del Gobierno en Madrid, la UCD, se deshilachaba en peleas internas. Pero se logró la devolución del Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia, y se inició el camino del forcejeo constante con la Alta Administración del Estado para que el Estatuto aprobado no quedara en papel mojado. Osakidetza, la Ertzaintza, EITB, el himno oficial… Todo esto se torció con las disputas internas. Faltó cultura democrática. O todo o nada. Pues nada. Cada uno por su lado. Se debilitó y se entró en la mala espiral que dio con los huesos en una incomprensible división que debilitó de manera angustiosa. Pero pasó el tiempo y la Fundación Sabino Arana le entregó su premio anual en 2005 y el lehendakari Pradales le homenajeó el año pasado.
Su legado no va a quedar circunscrito a la dura pelea de los años 86 en adelante sino a su crucial papel de persona representativa de una inmensa ilusión democrática tras aquella aberrante dictadura liderando un nacionalismo vasco moderno y cargado de realizaciones. Difundir lo hecho bien, es la gran asignatura pendiente. Como él quería. Ya está en la historia vasca. Nuestro agradecimiento a su entrega a la causa de Euzkadi.




