Rosa García y Juan Cruz San Antón, una pareja de Durango con la vida resuelta, hijos adultos y a punto de ser abuelos, relatan cómo convertirse en familia de acogida les ha transformado. 'La vida en casa cambió por completo... Había un niño que daba alegría, requería atención, lloraba, reía... Es un trabajo, pero nos ha dado mucho más, merece la pena, nos ha rejuvenecido', reconocen. La llegada del primer pequeño hace tres años incluso propició el regreso de una de sus hijas a casa. 'A los tres días vino porque decía que le oía llorar', recuerda él.
Hace tres años decidieron sumarse por primera vez al programa de la Diputación de Bizkaia, que busca familias para menores apartados de sus padres por motivos de fuerza mayor. Existen varios tipos de acogimiento: de urgencia (menores de 6 años, máximo 6 meses), temporal (hasta 2 años, ampliable) y permanente (hasta los 18 años).
Por la casa de esta pareja han pasado cinco niños. El primero tenía tres meses, la segunda año y medio, el tercero ocho meses, el cuarto recién cumplidos los dieciocho meses y el quinto tiene un año. El último vive con ellos desde hace 'dos días'. 'Les cogemos mucho cariño, son una parte nuestra. Necesitan brazos, brazos y brazos', describe Rosa.
Todo comenzó con la guerra de Ucrania. 'Pensamos que aquí también había necesidades y nos pusimos a buscar qué podíamos hacer y nos metimos en este lío', recuerdan felices, habiendo convertido a sus hijos y entorno en una 'gran familia de acogida'. 'Nos ayudan mucho', señalan. Los inicios, reconocen, son 'duros'. 'Las dos partes se tienen que adaptar, pero lo importante es que el niño pueda estar bien, todos los demás somos secundarios', recuerda Rosa. 'La gente se tiene que animar, esto es maravilloso, cualquiera puede hacerlo', insisten.
Este sábado participaron en uno de los encuentros anuales que la Diputación celebra para que las personas del programa compartan experiencias y estrechen lazos. La fiesta de estos 'ángeles custodio' reunió a medio centenar de familias y doscientas personas en el entorno del Itsasmuseum y concluyó con una gran comida.
Pili Urruzunu lleva diez años acompañando a pequeños. Bajo su cuidado, seis niños han amortiguado mejor los golpes de la vida. 'La primera tenía una semana, era preciosa; la segunda, con quince días, acarreaba un síndrome de abstinencia, pero hemos conseguido que crezca, hoy está muy bien... Otro con tres meses estaba lleno de golpes y aun así no perdía la sonrisa. Es una experiencia muy dura, pero tienen unas ganas de vivir, de reírse, les tenemos que ayudar, lo único que tienes que hacer es sacarles de ese agujero y se puede hacer', asegura. Reconoce que 'da pena cuando uno se va, pero estoy deseando que vaya a una familia y tenga una vida mejor y yo mientras ayudar a más', insiste.
Casi trescientos menores tutelados por la Diputación viven en familias en Bizkaia. Imma Giordano es profesora y se sumó hace cuatro años al programa del área de Acción Social, pero en su caso, acompañará a un niño hasta los 18 años. El pequeño tiene actualmente 6 años y llegó a sus vidas con poco más de doce meses. 'Estoy muy contenta, encaja con lo que pensamos como pareja: que una familia no es solo un asunto biológico, sino que tiene que ver con las ganas de querer cuidar de una criatura', comenta. Su acompañamiento será hasta que cumpla 18 años. Para ella, lo más importante es ver que 'unos niños que han tenido una experiencia traumática pueden encontrar un lugar seguro y quitarse una culpa que sienten, pero que no tienen', anota.
Al igual que en otros casos, los comienzos fueron difíciles, aunque el día a día lo compensó. 'Hay que crear un apego que no existe, no estaba acostumbrado a los brazos, al contacto físico. Las primeras veces dejamos que él fuera el que nos buscase y cuando se durmió en nuestro regazo, fue muy emotivo', recuerda Giordano. 'Eso nos demostró que lo estábamos haciendo bien, aunque sabemos que hay cosas que no vamos a poder evitar, son parte de su vida y se tendrá que enfrentar con el tiempo, pero siempre nos tendrá para acompañarle y lo que hacemos por él puede revertir en que tenga un apego más seguro', dice.
El primer encuentro entre familias fue allá por 2012. 'El acogimiento familiar no es solo una medida de protección, es, sobre todo, una oportunidad para que los niños y adolescentes puedan crecer en un entorno de afecto, estabilidad y cuidado y, muchas veces, para volver a empezar', insiste la diputada de Acción Social, Amaia Antxustegi, que anima a sumarse al programa.




