Según el balance realizado por el Consorcio de Transportes de Bizkaia (CTB), los principales operadores del territorio acumularon el año pasado 215 millones de viajeros, 17 millones más que en un 2024 que ya fue de récord. El metro es, con una amplísima diferencia, el operador que más gente transporta, seguido de Bizkaibus y Bilbobus. Los tres cerraron el pasado ejercicio con los mejores resultados de su historia, al igual que el tranvía, Euskotren y Renfe.
Aunque son varias las razones que están impulsando el uso del transporte colectivo, la principal es clara: los descuentos aplicados a las tarifas desde que el 1 de septiembre de 2022 entrara en vigor la batería de medidas adoptadas por el Gobierno central para hacer frente a la inflación generada por la invasión de Ucrania. Aunque casi todo aquel escudo social ya ha decaído, la rebaja de los precios del billete se mantiene porque su impacto está siendo mucho más positivo de lo previsto.
En el citado 2022, Bizkaia se asomaba ya a la normalidad tras la pandemia y el transporte público acumuló 160,6 millones de usuarios. Los 215 millones actuales suponen un incremento del 34% a pesar de que la red no ha registrado ampliaciones en este periodo y padece con mayor frecuencia de la que debería momentos de colapso por las averías que registra principalmente el metro. Además, no está libre de otro tipo de cuestiones que impactan en su día a día, como la huelga indefinida de Bilbobus que se prolongó durante 79 días hace dos años.
El crecimiento ha sido sostenido durante el último trienio en el que, además de la rebaja de hasta el 50% en las tarifas que asumen las administraciones, se han implantado otras medidas inéditas que están dando un giro a la movilidad. Por ejemplo, desde el 1 de enero de 2025, los jóvenes de hasta 14 años pueden viajar gratis en los principales operadores si cuentan con una tarjeta Barik personalizada. Se busca facilitar sus desplazamientos, conseguir cierto grado de fidelidad de la nueva generación y, de rebote, que sus familiares adultos sigan su estela.
Otra cuestión que podría estar afectando es la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) que impide circular por el centro de Bilbao a los vehículos más antiguos. Coincidiendo con la implantación de más restricciones, los aparcamientos disuasorios que el metro tiene en Leioa, Ibarbengoa, Etxebarri y el BEC registraron el año pasado un incremento de usuarios del 9,5%. 423.000 personas optan por esta posibilidad, casi 20.000 más que en 2024 y 80.000 más que en 2023, cuando no existía la ZBE. El de la feria de muestras de Barakaldo es el parking que más capacidad tiene y, lógicamente, el más utilizado.
Tras romper la barrera de los 200 millones de viajeros, la duda es hasta dónde puede seguir creciendo el transporte público de Bizkaia. Porque ya se puede anunciar que va a seguir creciendo. Principalmente, debido a que durante el próximo lustro el metro va a registrar una de las transformaciones más importantes de su historia. Además de ampliar su recorrido con dos nuevas líneas —primero la 5, que llegará a Galdakao y el hospital, y después la 4, que conectará con los populosos barrios del sur de Bilbao—, está en marcha el proceso para renovar los convoyes. Un contrato multimillonario que permitirá ampliar frecuencias y también la capacidad del suburbano.
Pero no es solo esto. La Diputación está inmersa desde hace más de un año en el diseño del nuevo modelo de Bizkaibus, que se debería implantar antes de que acabe la década. Va a suponer una revisión de todas las concesiones y las líneas de los autobuses interurbanos vizcaínos para adaptarlos a las nuevas necesidades. El servicio actual se decretó hace más de una década y se le quiere dar la vuelta como a un calcetín. Para que Bizkaibus pueda resultar más atractivo para los viajeros, especialmente aquellos que no tienen opción de usar el metro, se va a apostar, por ejemplo, por líneas que hagan menos paradas y que lleguen más rápido a las cabeceras de comarca o a Bilbao circulando por la A-8.
A expensas de lo que pueda ocurrir en el futuro con los actuales descuentos, que deben ser prorrogados cada año por las administraciones vascas y el CTB siempre que el Gobierno central dé previamente el visto bueno, Euskadi trabaja discretamente hace un tiempo en la definición de un sistema propio de rebajas. Aunque su entrada en vigor aún tardará, ya se sabe que va a tratarse de un sistema progresivo en el que todos los viajeros no van a pagar lo mismo. El coste de cada viaje variará en función del uso —a más viajes, más barato—, la edad —habrá colectivos protegidos, como los jóvenes, los mayores y las personas vulnerables— y la renta. Todos estos datos deberán recogerse a través de la Barik, un proceso complejo que dilatará los plazos.




