Una partida de bingo social en Santutxu fue interrumpida por la Ertzaintza, lo que ha desencadenado un debate en el Parlamento Vasco. Se plantea modificar la ley para permitir estas actividades, a pesar de las posibles multas de hasta 60.000 euros.
El portavoz de la Asociación de Bingos de Euskadi, Pedro Jiménez, defendió que el bingo en centros sociales supone "competencia desleal" para las salas de juego, que atraviesan dificultades por el auge del juego digital. Señaló que el perfil de usuario principal son jubilados, quienes sostienen negocios "en crisis".
“"Prohibir el bingo social es un error. ¿Una multa de 60.000 euros por 20 céntimos? Me quedo anonadada."
La presidenta del centro de Santutxu, Iluminada Rosa Raimundo, recordó a los parlamentarios que prohibir el bingo social sería "un error". Subrayó que estas partidas no son solo un juego, sino una puerta de entrada a otras actividades y un punto de encuentro crucial para las personas mayores, especialmente para muchas mujeres que acuden tras enviudar.
Incluso el presidente de la asociación de pensionistas Las Cuatro Torres de Araba, Luis Carlos Matías, defendió el beneficio social de estas actividades, calificándolas de "grandeza" para los mayores. "Necesitamos estar activos. Los mayores a casa solo para dormir", reivindicó.
Según un estudio del Observatorio Vasco de Juegos, el 63,1% de las asociaciones de mayores de Euskadi ofrece o ha ofrecido bingo social. La implantación varía por territorios: 25% en Araba, 42% en Bizkaia y 71,2% en Gipuzkoa.
El estudio indica que en casi la mitad de los centros el bingo social se celebra una vez por semana, con sesiones de unas dos horas y una media de 50 participantes. En el 80% de los casos, convive con otras actividades. Se juega con pequeñas cantidades de dinero (unos veinte céntimos por cartón), lo que actúa como "plus de motivación", ya que el 76% de los usuarios reconoce que sin esa pequeña apuesta no participaría.
La fundación Gizakia, que trabaja en adicciones en Bizkaia, subrayó que las personas mayores de 65 años no presentan conductas de juego problemático y que estas actividades tienen efectos positivos en la estimulación cognitiva, la memoria y la socialización.




