Se declara que el País Vasco constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia, y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por sí mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado Español.
EAJ-PNV y la II República: El Difícil Camino del Autogobierno Vasco
Desde la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, el EAJ-PNV mantuvo una lucha constante por el autogobierno vasco, superando numerosos obstáculos políticos y legales.
Por Leire Bengoa Iturriaga
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Un mapa antiguo del País Vasco, con documentos históricos y una pluma, evocando la lucha política histórica por la autonomía.
Desde la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, el EAJ-PNV mantuvo una lucha constante por el autogobierno vasco, superando numerosos obstáculos políticos y legales y defendiendo los derechos de la nación vasca.
Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la II República, ya existía una amplia conciencia a favor del autogobierno vasco, fruto de los sucesivos fracasos de los fueristas vascos en sus relaciones con el gobierno español tras las guerras carlistas. Esta frustración política y social había generado en el País Vasco, a partir de 1876, una corriente creciente de desconfianza hacia las fuerzas políticas españolas. Se percibía la necesidad de una línea política propia a través de un partido estrictamente vasco que asumiera los intereses del País Vasco, iniciando un proceso de reencuentro con los rasgos culturales propios, especialmente la lengua y cultura vascas.
Arturo Campión, navarro, fue uno de los principales promotores de este “pre-nacionalismo vasco”, caracterizado por una clara contraposición entre “política vasco-navarra” y “política española”. Sabino Arana, fundador del EAJ-PNV, abogado nacido en Bilbao en 1865 e hijo de carlista, modeló y proyectó el nacionalismo vasco en 1892 con el lema “Bizkaia por su independencia”. En el momento de la proclamación de la II República en abril de 1931, el EAJ-PNV, con gran implantación en Bizkaia y Gipuzkoa, propugnó el autogobierno de la nación vasca mediante un Estatuto de Autonomía.
Los esfuerzos por lograr dicho Estatuto comenzaron con extraordinario entusiasmo: el 17 de abril, tres días después de la proclamación de la II República, los ayuntamientos vizcaínos se reunieron en Gernika para “reconocer la República como expresión legítima de la voluntad popular” y “solicitar un gobierno republicano vasco vinculado a la República española”. Sin embargo, la respuesta del gobierno de España no se hizo esperar, indicando que el Estatuto de Autonomía debía emanar de las propias Cortes españolas. Pero los municipios vascos no se amedrentaron y, con fecha del 8 de mayo, solicitaron a la Sociedad de Estudios Vascos la elaboración de un anteproyecto de Estatuto de Autonomía, que se redactó en tiempo récord y se entregó el 31 de mayo a la llamada Comisión de Municipios Vascos.
Al gobierno de España no le agradaba que la iniciativa autonómica partiera de los ayuntamientos y no de las Cortes, y menos aún que se estableciera una especie de soberanía originaria de los entes autónomos, ya que consideraba la soberanía del Estado como algo delegado. Además, la desafortunada enmienda sobre las relaciones Iglesia-Estado (Prieto: “no permitiremos un Gibraltar vaticanista”) enrareció notablemente el ambiente. Cuatrocientos veinte alcaldes vascos marcharon a Madrid y entregaron al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el proyecto de Estatuto, conocido como “de Estella”. Pero fue inútil: en las Cortes de Madrid, durante las sesiones del 22 al 25 de septiembre, se aprobó el Título 1 de la Constitución, en virtud del cual la estructura y los principios generales del Estatuto de Estella fueron calificados de “contradictorios” con la Constitución española. Así, por Decreto del 8 de diciembre de 1931, se estableció la obligatoriedad de que la redacción de los futuros proyectos de Estatutos de Autonomía se acomodara necesariamente a la Constitución en vigor. Consecuencia directa: la minoría vasco-navarra retiró el proyecto, y el Estatuto de Estella decayó.
En enero de 1932 se convocó una reunión entre las Comisiones Gestoras y una representación de los municipios para elaborar un nuevo proyecto de Estatuto acorde con la Constitución. Se nombró una Comisión encargada de redactar el proyecto, que finalizó sus trabajos el 11 de marzo de 1932. El 19 de junio de 1932, todos los municipios vascos se reunieron en Pamplona para aprobar dicho proyecto, que fue refrendado mayoritariamente en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, pero no en Navarra. Posteriormente se demostró que Navarra realmente dijo SÍ al Estatuto, ya que varios comisionados de diversos ayuntamientos navarros votaron en contra del proyecto, aun cuando su corporación municipal respectiva había dado el voto favorable.
El EAJ-PNV intentó por todos los medios continuar con el proyecto, adaptándolo a la nueva situación. El proyecto de Estatuto fue aprobado. Nada impedía, en teoría, la rápida promulgación y entrada en vigor del Estatuto de Autonomía Vasco. Pero no ocurrió así, ya que en las elecciones legislativas de noviembre de 1933, las fuerzas de la derecha resultaron mayoritarias, produciéndose un cambio total de la situación con el inicio del llamado “Bienio Negro”. Durante este período, la relación entre los nacionalistas vascos y el Gobierno de España se tensó, debido a una política anti-autonomista e incluso anti-vasca por parte de la derecha.
El proyecto permaneció en el olvido hasta el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Dos meses después, el proyecto de Estatuto se presentó de nuevo en las Cortes y en julio de 1936, la Comisión concluyó el dictamen. El 7 de octubre, ya en plena contienda civil, se acordó la Ley Aprobatoria del Estatuto de Autonomía para Euskadi. Sin embargo, con la victoria del fascismo golpista, todo vestigio de las reivindicaciones vascas fue destruido, y las provincias de Gipuzkoa y Bizkaia fueron declaradas traidoras.
El EAJ-PNV apoyó la República, la libertad, la democracia y la legalidad, oponiéndose al golpismo con los medios a su disposición. Honor, respeto y recuerdo a sus gudaris caídos en el frente, en los paredones, en las cárceles y bajo tortura. El EAJ-PNV sufrió 40 años el zarpazo del fascismo y la represión, resistió en la clandestinidad a la dictadura, guardó el testigo de la libertad, la democracia y el autogobierno de Euskadi, y escribió con letras de oro en el libro de la Historia su carácter profundamente democrático, tenaz a favor del autogobierno de Euskadi y de la reconstrucción de la nación vasca, humanista, frontal y radicalmente antifascista. Un recuerdo a nuestros mayores, uno especial a tío Benito Bujanda, teniente de ametralladoras del Batallón Saseta, muerto en combate en Peña Lemona el 2 de junio de 1937, otro a tío Gerardo Bujanda y a mi aita Inosen Bujanda, igualmente gudaris del mismo Batallón Saseta, Compañía Beti Aurrera. El feliz “Españoles, Franco ha muerto” de Arias Navarro supuso el principio del regreso a la libertad, la democracia y el autogobierno para Euskadi. Hasta hoy, 14 de abril de 2026. Es bueno recordar, no olvidar. Katea ez da eten. Beti Aurrera, beti.



