La primera etapa de la Itzulia 2026, un exigente recorrido contrarreloj de 13,8 kilómetros, tuvo su inicio cerca de la Basílica de Begoña. A la dificultad del trazado se sumó un sol abrasador que calcinó por igual a corredores, espectadores y turistas. Muchos aficionados buscaron refugio a la sombra de la patrona de Bizkaia para escapar de las altas temperaturas.
La coincidencia con el último día de Semana Santa, festivo para la mayoría, convirtió a Bilbao en una villa ciclista. Los aficionados se apostaron en la margen derecha de la ría y en los arcenes de Artxanda, pero la ubicación preferida fue el Parque Etxebarria, donde se encontraba la meta. Allí, la Plaza del Gas daba paso a rampas de hasta el 19%, un verdadero infierno para los ciclistas.
El intenso calor hizo que la chimenea del Parque Etxebarria, último vestigio de un pasado industrial, apareciera como un espejismo en el desierto para los ciclistas. Esta torre de ladrillo de 25 metros se convirtió en el faro que señalaba la meta, y fue allí donde Bilbao presenció cómo Paul Seixas transformó un final arenoso en un oasis, engullendo a Isaac Del Toro (UAE) y Juan Ayuso (Lidl-Trek).
El aficionado vasco es conocido por su respeto y por animar a quien lo merece, pero también por su predilección por los ciclistas locales. Así, el autobús del Euskaltel-Euskadi fue uno de los más escoltados, y su ubicación a la sombra del puente de la Avenida Zumalakarregi fue pura coincidencia. Txomin Juaristi y Jonathan Lastra tuvieron compañía mientras calentaban, e Iker Mintegi y Gotzon Martín aprovecharon el empuje del público para superar la última curva. Las campas del Parque Etxebarria se tiñeron de un intenso naranja, el color del ciclismo más autóctono.
Sin embargo, fueron los veteranos como Ion Izagirre (quien afronta su última Itzulia), Pello Bilbao y Mikel Landa quienes deleitaron a los presentes. Bilbao reconoció su esfuerzo titánico en la prueba de casa, bajo un cielo despejado inusual para un abril vizcaíno. Compitieron en las carreteras de su infancia, donde soñaban con ser profesionales, con ambición y nostalgia, ante familiares, amigos y toda la ciudad de Bilbao.
Aun así, la capital vizcaína también valoró el palmarés de Primoz Roglic y la frescura de Paul Seixas, quien voló sobre Artxanda. Ninguno de los 154 corredores se quedó sin el aliento del público, un mérito que solo los más fanáticos lograron mantener sin quejarse a más de 30 grados.




