La novela se ambienta en un clásico café, el Café Mokka, donde el ir y venir de clientes fieles y ocasionales genera conversaciones. Alberto, el camarero, es el protagonista y narrador, quien da múltiples vueltas a estos temas, siempre con buena música de fondo. El autor ha señalado que el formato de novela no fue una decisión inicial, pero a medida que las ideas se desarrollaban, vio el potencial para una obra más extensa que sus relatos cortos habituales.
El escritor y el personaje de Alberto comparten una afición por los cafés clásicos. Considera que estos espacios son hermosos, con una decoración especial, que cuidan la música y fomentan las tertulias. En la novela, se contrastan diferentes opiniones sin un discurso monolítico, pero se percibe una cosmovisión de Alberto que coincide con los puntos de vista del autor.
“"Me parece que el nivel cultural está bajando, que cada vez es más difícil leer y escuchar cosas con fundamento…"
La novela también aborda la cuestión de la libertad, no como negación, sino como relativización de la supuesta libertad. La fuerza del inconsciente influye constantemente en esta realidad. La teoría de la batalla entre sexos también aparece, planteada desde la duda y diferentes perspectivas, no desde una certeza absoluta. El autor ha querido presentar una realidad y plantear dudas sobre temas delicados, como la cuestión trans en la infancia, sin emitir una opinión concreta para no herir sensibilidades.
Las reflexiones sobre la infancia y la infantilización de la sociedad también tienen un peso importante en la novela. El autor comparte esta preocupación y se vale de las reflexiones del pensador Bruckner para exponer su punto de vista. La música también tiene una gran presencia, ya que Alberto fue músico y es un apasionado del jazz, cuidando con esmero el ambiente sonoro del café. La novela ha tenido una buena acogida por parte de los lectores, alcanzando la segunda edición en tres semanas.




