Este sábado, la ermita de San Marcial en Irun fue el escenario de la entrega del bastón de mando a Javier García Nieto, el nuevo general del Alarde tradicional, elegido hace poco más de un mes. Más de 200 personas asistieron al evento celebrado a mediodía, aplaudiendo a quien toma el relevo de Asier Etxepare al frente del desfile.
Fue Etxepare quien le hizo entrega del bastón de mando en una ermita abarrotada y en un clima de emotividad. No obstante, alrededor de 40 personas esperaron en el exterior, frente al tablado situado a un lado de la ermita, y al término del acto pidieron la dimisión de la Junta del Alarde. Las protestas se derivaban de la situación generada en torno a un proceso sancionador que afecta a un mando del desfile y que ha generado controversia en la ciudad en los últimos meses. Agentes de la Ertzaintza estuvieron presentes en el entorno y, aunque se vivieron momentos de cierta tensión, esta no escaló más allá de esas protestas contra la Junta del Alarde frente a los aplausos de quienes acudieron a arropar al nuevo general.
“"Este bastón se llama bastón de mando, pero no es un símbolo de poder ni para dar órdenes. Debería ser el símbolo de unión de todos y todas los y las iruneses que amamos el Alarde; de todos los que respetamos la historia de nuestro pueblo, el pueblo de Irun, y que queremos transmitir ese legado que hemos recibido a las generaciones venideras."
El nuevo general hizo una firme apuesta por la juventud, enfatizando que el futuro del Alarde está en sus manos. Durante su discurso, mencionó las muestras de odio latentes en la sociedad en las últimas semanas y pidió a todos los iruneses que no odien y trabajen juntos por un Alarde en paz y libertad.
“"Por favor, no odiéis. Trabajemos todos juntos por hacer un Alarde en paz y libertad."
Cuando el general salió al exterior de la ermita, entre los aplausos del público se escucharon también las protestas del grupo que esperaba en el lateral, frente al tablado, y que pidió la dimisión de la Junta del Alarde. Hubo otra tanda de abucheos cuando los asistentes descendieron por la cuesta que da acceso a la ermita, respondidos, de nuevo, por los aplausos de los asistentes al acto. La Ertzaintza estuvo presente en todo momento y la tensión no fue a mayores.