Cada 25 de abril, las comarcas de Bidasoa y Oarsoaldea se visten de fiesta para celebrar el Día de San Marcos. En esta jornada, una de las tradiciones más arraigadas es el regalo de la opilla por parte de las madrinas a sus ahijados, un bizcocho especial adornado con huevos cocidos y teñidos de rojo.
La festividad de San Marcos tiene raíces antiguas, coincidiendo con la robigalia, una fiesta pagana de origen romano. En localidades como Hondarribia, ya en el siglo XVI se realizaban procesiones en este día con el fin de bendecir los campos y asegurar la protección de las cosechas.
La opilla, según la costumbre, lleva tantos huevos como años tiene el ahijado, y las madrinas continúan con esta tradición hasta que sus ahijados contraen matrimonio. Con el tiempo, la elaboración de la opilla ha evolucionado; si bien antes era una preparación casera, actualmente es común encontrarla en las pastelerías de la zona, y los huevos cocidos coloreados han sido reemplazados en muchos casos por huevos de chocolate.
Para aquellos que deseen preparar la opilla en casa, existe una receta de Martín Berasategui para seis personas. Los ingredientes principales incluyen mantequilla, azúcar, ralladura de limón, almendra molida, harina y huevos. El proceso de preparación implica mezclar los ingredientes, hornear la masa y, una vez fría, decorarla con una glasa y adornos festivos como huevos de chocolate o plumas de colores.




