El 14 de abril de 1931 no fue en Vitoria una jornada de ruptura visible en las calles, sino más bien un relevo institucional que se produjo con relativa normalidad. Tras las elecciones municipales, interpretadas como un rechazo a la monarquía, la nueva legalidad republicana se instaló con rapidez en el Ayuntamiento y en las instituciones locales.
La ciudad, con un ritmo más pausado que el de otros núcleos urbanos del país, asistió al cambio con una mezcla de expectativa y cautela. La bandera tricolor comenzó a ondear en edificios oficiales mientras se abría un periodo de reformas que prometía transformar la vida política y social.
En el conjunto de Álava, sin embargo, el contexto era distinto al de otras provincias. El peso del mundo rural, la influencia de la Iglesia y la presencia de corrientes tradicionalistas condicionaban la recepción del nuevo régimen.
La sociedad alavesa quedó atravesada por una división persistente. Para una parte de la población, la República representaba una oportunidad de modernización. Para otra, suponía una alteración profunda del orden social y cultural existente.
Esa tensión se reflejó en la política local y en el debate sobre el autogobierno vasco. Álava participó en el proceso estatutario que culminó en 1936, aunque con reservas y un respaldo más limitado que en Bizkaia y Gipuzkoa.
Cinco años después de la proclamación de la República, el golpe militar del 18 de julio de 1936 puso fin de forma abrupta a aquel proceso. En Álava, la sublevación se impuso con rapidez. Vitoria quedó bajo control de los militares en los primeros momentos, sin que se llegara a articular una resistencia organizada de envergadura. La provincia pasó así a integrarse desde el inicio en la zona controlada por los sublevados.
Esta circunstancia la situó en una posición distinta a la de otros territorios vascos, donde la guerra se prolongó durante meses. En Álava, el conflicto adoptó desde el principio la forma de una retaguardia bajo control militar.
La rapidez con la que el territorio quedó en manos sublevadas no evitó la violencia. Desde los primeros meses se desplegó una represión dirigida a eliminar cualquier forma de oposición política o social. Detenciones, ejecuciones y procesos de depuración afectaron a cargos públicos, militantes de partidos, sindicalistas y a personas vinculadas a organizaciones sociales. La represión se extendió más allá del periodo bélico y condicionó la vida de la provincia durante décadas.
La posguerra estuvo marcada por la escasez, el control institucional y el silencio sobre lo ocurrido. Muchas familias convivieron durante años con la ausencia de reconocimiento de las víctimas y con la imposibilidad de reconstruir públicamente su historia.
Este martes, 14 de abril, la conmemoración tendrá también un reflejo en la calle. A las 19:00, la Plaza de la Provincia de Vitoria-Gasteiz acogerá un encuentro organizado por el Ateneo Republicano de Araba ERAIKI junto a distintas asociaciones. El acto, abierto a la ciudadanía, combinará intervenciones culturales con música en directo de la Banda Republicana, la participación del Coro Republicano y la actuación de un cantautor, en un formato que incluirá además un pintxo-pote como cierre de una convocatoria planteada desde el ámbito de la memoria, la cultura y la solidaridad.




