Al recibir la Medalla de Álava, el médico ha expresado su deseo de que San Prudencio inspire a las futuras generaciones médicas. Ha valorado este premio como un acicate para seguir prosperando y ha confesado que fue una “muy bonita sorpresa” recibirlo, especialmente por ser un reconocimiento “de mano de todos los alaveses”.
“"Este premio es un acicate para que sigamos prosperando. Es muy emotivo recibir éste, de mano de todos los alaveses."
Ha dedicado este reconocimiento a los profesionales con los que ha trabajado a lo largo de su carrera, a su familia y a los pacientes que han confiado en su saber. Ha destacado que la recuperación de cada paciente hace que su trabajo sea especial, y que la frustración surge cuando no se logra curar a alguien, ya que el paciente es más que un caso clínico, es una persona con un problema.
El acto de reconocimiento se ha llevado a cabo en el museo Artium de Gasteiz, donde se ha puesto en valor la trayectoria y aportación del médico a Álava. La organización ha utilizado la metáfora de la colmena de abejas para describir su carrera, que pivota sobre seis aristas: investigación, innovación, divulgación, colaboración, proyección y familia. Una trayectoria resumida como “ciencia con conciencia”.
El responsable de la Diputación Foral ha recordado que la Medalla de Álava es la máxima distinción que otorga el territorio y que expresa el modelo de valores que los alaveses desean para el futuro. Ha enfatizado que la trayectoria del médico “nos recuerda que la innovación no es un concepto abstracto, que necesitamos personas como él en Álava porque posicionan el territorio a nivel internacional y generan empleo de calidad”.




