Como cada año, las campas de Armentia se transforman en un bullicioso mercado durante las fiestas de San Prudencio, extendiéndose desde la escultura del santo hasta la basílica. La oferta ha evolucionado, incluyendo no solo productos gastronómicos tradicionales como embutidos, rosquillas, frutos secos y quesos, sino también artículos de textil, marroquinería y bisutería, ampliando así la variedad para los visitantes.
Desde primera hora de la mañana, los asistentes madrugan para saborear la fiesta y aprovechar la tregua que la lluvia concede. La escultura del santo amanece adornada con flores, lista para ser fotografiada. En los puestos, las rosquillas son protagonistas, con variedades blancas, negras, fritas y obleas, muy demandadas por el público. También se ofrecen las rosquillas de San Blas, especialmente las blancas, conocidas por su dulzura, con precios que oscilan entre los 4,50 y los 8,5 euros, vendiéndose en docenas o paquetes más pequeños.
Aunque en menor medida, aún se pueden encontrar puestos de perretxikos, con ejemplares de Kuartango y Navarra, a 80 y 60 euros respectivamente. A pesar del precio, la tradición impulsa su venta. A las diez de la mañana, las campas lucen verdes y húmedas, pero se espera que en pocas horas se llenen de familias y grupos de amigos que se reunirán para comer, beber, cantar y bailar alrededor del emblemático templo románico, al que ya comienzan a entrar los primeros feligreses.
Entre los puestos, Clauval, un obrador familiar de Valladolid, ofrece una amplia variedad de repostería. Sus responsables destacan la fidelidad de su clientela en Vitoria y la capacidad del público para apreciar el producto artesano. Las zapatillas, un suave mantecado hojaldrado con un toque de orujo, son el dulce más típico de Arrabal del Portillo, su localidad de origen. Además, venden rosquillas de San Blas y almendras garrapiñadas, complementando la oferta de frutos secos.
La basílica de Armentia vive su día grande con la visita de miles de alaveses, que acuden a misa o simplemente a contemplar su interior en silencio, en honor al patrón de Álava. Fuera, mientras discurre la procesión, el aire se impregna del aroma a txistorra, panceta y talo de los puestos cercanos. La sidra y el txakoli fluyen en las txosnas, y se descorchan las primeras botellas de tinto y blanco de Rioja Alavesa, rompiendo la habitual tranquilidad de los 310 vecinos del pueblo, que también celebran sus propias fiestas con comida popular, campeonato de mus, teatro infantil y bailables.
En la zona trasera de la basílica, se pueden degustar quesos de cabra de los Pirineos y de la sierra de Guara. Este año, como novedad, se presenta un queso azul de leche de vaca, elaborado por un productor que, aunque su ganadería es principalmente de cabras, busca innovar. Estos quesos, de elaboración propia, se caracterizan por su forma más plana, oscura y de mayor tamaño que los quesos vascos tradicionales, con el objetivo de ofrecer un producto suave y bajo en sal. La festividad de San Prudencio es un encuentro de tradición, cultura y ocio en un entorno natural privilegiado.
Para el aurresku de honor, que se celebra a mediodía, todo está listo en las campas para la exhibición de euskal dantzak a cargo de Arabako Dantzarien Biltzarra, con la participación del grupo Eguzkilore y la animación musical de la fanfarre Aramangelu. Las familias, con sus bolsas de rosquillas y pastel vasco, se acercan al espacio de herri kirolak para no perderse la muestra de deporte rural vasco.
“"No, no, qué va, los conciertos de la tarde se los dejamos a los jóvenes. Nosotros ya hemos recorrido los puestos, comprado pastel vasco para el postre, entrado a la basílica y de aquí nos vamos a casa a comer, que ya estamos mayores."




