El 'gran apagón' que afectó a Euskadi hace un año no se inició con un estruendo, pero la interrupción del suministro eléctrico en el Centro de Coordinación de Emergencias de Euskadi en Bilbao, a las 12:33, marcó el inicio de una jornada inusual. Aunque el sistema de respaldo interno funcionó, las consecuencias externas comenzaron a manifestarse rápidamente, evidenciando que no se trataba de una avería menor.
“"Desgraciadamente, fue un suceso que nos dejó a todos fuera de juego, porque fue una emergencia inusual."
Ante la magnitud del evento, el Gobierno Vasco activó el LABI, el Plan de Protección Civil de Euskadi, en fase de alerta. La incertidumbre sobre la duración y las consecuencias del apagón fue total en los primeros momentos. La prioridad fue organizar la respuesta institucional, aunque la falla en las telecomunicaciones ordinarias dificultó la constitución de la mesa de crisis y el contacto con los responsables.
Durante las primeras horas, varios frentes requirieron atención urgente. El sector sanitario, aunque preparado con planes de contingencia y grupos electrógenos, generó preocupación. La movilidad se vio gravemente afectada, con interrupciones en trenes, metro y tranvía, y la necesidad de evacuar a personas. Un impacto notable fue el aumento de rescates en ascensores, con 253 actuaciones de bomberos para liberar a personas atrapadas.
La red interna de comunicaciones del sistema vasco de emergencias, la red TETRA, resultó ser crucial. Mientras las redes comerciales fallaban, esta red, gestionada por Itelazpi, mantuvo conectados a la Ertzaintza, policías locales, Osakidetza y otros servicios, asegurando la coordinación. El servicio 112 de SOS Deiak experimentó un aumento del triple en el volumen de llamadas entre las 12:33 y las 17:00, debido tanto a incidentes como a la necesidad de información por parte de la ciudadanía.
A pesar de la gravedad de la situación, la respuesta ciudadana fue ejemplar, sin incidentes graves de orden público. En Álava, el hecho de ser día festivo contribuyó a reducir la presión en algunos sectores. La recuperación del suministro fue progresiva y relativamente rápida, alcanzando el 78% en Araba y el 88% en Gipuzkoa hacia las cinco de la tarde, y cerca del 96% a las once de la noche. Esta rápida recuperación, facilitada por la interconexión con el sistema eléctrico francés, fue decisiva para evitar un escenario más grave. La experiencia dejó claras lecciones sobre la dependencia energética y la vulnerabilidad social, impulsando la búsqueda de mejoras en las comunicaciones, como los sistemas de conectividad por satélite.




