Naike Saralegi (Azkoitia, 1984) lleva once años trabajando como tatuadora. Comenzó tatuándose a sí misma, luego a amigos y finalmente abrió su primer estudio en Azpeitia. Recientemente, se ha mudado a Orio con su marido y su hijo, y ha inaugurado un segundo estudio en el pueblo.
A Saralegi siempre le ha gustado dibujar. Aunque quería estudiar Bellas Artes, decidió cursar estudios de empresariales. Más tarde, mientras trabajaba con su marido en un negocio de electricidad, descubrió un curso online para tatuadores. Tras inscribirse y finalizarlo, le gustó tanto que empezó a tatuarse a sí misma. Poco a poco, comenzó a hacer pequeños tatuajes a amigos y familiares, atrayendo a cada vez más gente.
Aunque inicialmente lo consideraba un hobby, tras cerrar el negocio que compartía con su marido, decidió seguir el camino del tatuaje. Gracias al boca a boca de su entorno, abrió el primer estudio en la parte trasera de su antigua tienda de electricidad en Azpeitia. Actualmente, además de tatuadora, es también profesora de spinning en Azpeitia.
Lo que más le gusta de esta profesión es el trato con la gente. Ha conocido a muchas personas gracias a su trabajo y ha forjado una estrecha relación con algunas de ellas. Cuando los clientes quedan satisfechos, suelen regresar al mismo estudio, lo que crea un punto de intimidad, especialmente al compartir el significado o la razón detrás de los tatuajes. "He tenido la oportunidad de hacer trabajos muy bonitos, y eso me llena mucho, al igual que ver a los clientes contentos", afirma.
Entre los tatuajes más curiosos que ha realizado, menciona un código QR y figuras que han aparecido en sueños. Gestiona dos estudios, uno en Orio y otro en Azpeitia, alternando su presencia entre ambos. "Prefiero seguir haciendo unos diez tatuajes al día por mi cuenta, que crear un equipo y llegar a hacer veinte tatuajes diarios", explica, destacando su deseo de mantener la esencia personal de su proyecto.
Recientemente se ha mudado a Orio con su marido y su hijo de siete años. "Me enamoré del pueblo nada más llegar", confiesa. Lo describe como pequeño, con gente muy amable y un lugar ideal para criar a su hijo. Aconseja a los residentes de Orio que duden sobre qué tatuarse, que busquen inspiración en las redes sociales y que se acerquen al estudio sin miedo, ya que atiende a personas de todas las edades.




