La pasión de Asier Albiter no es nueva; nacido en el barrio de Ibañarrieta y residente en Zumaia, se inició en el mundo de los toros pequeños a los 10 años. Tras pasar su juventud como recortador y auxiliar, hace tres años decidió poner en marcha su propia ganadería, Albara. Actualmente, cuentan con alrededor de 60 cabezas, incluyendo 30 madres y varios becerros.
Según Albiter, las reses bravas son animales muy tranquilos y agradecidos cuando están en su hábitat y son cuidadas a diario. Aunque el objetivo principal de la ganadería es llevarlas a las fiestas populares, ofrecen visitas guiadas para dar a conocer la vida rural y los animales, y puntualmente realizan venta directa de carne.
A finales del siglo XX y principios del XXI, las corridas de toros sufrieron un gran declive debido a la burocracia y las exigencias de seguridad. Sin embargo, tras la pandemia se ha observado un repunte; según los datos, las fiestas taurinas populares aumentarán un 13,2% entre 2020 y 2026. Además, nuevos pueblos como Zegama, Ibarra, Urnieta o Antzuola se han sumado al circuito, repitiendo el espectáculo año tras año, con un especial entusiasmo entre los jóvenes.
En cuanto a la controversia, para Albiter, aunque se deben respetar las decisiones de la mayoría, también deben garantizarse los derechos de las minorías en las fiestas. Señala que la mitad de los espectadores son mujeres y que se congrega gente de diversos orígenes, lo que demuestra el atractivo del espectáculo por encima de las diferentes culturas.
El ganadero reflexiona sobre nuestra relación con la naturaleza, criticando la actual tendencia del "mascotismo" que despoja a los animales de su carácter natural. Afirma que la sociedad vasca se ha urbanizado por completo y reivindica la sensación de "bailar con la naturaleza" que sentía en su época de recortador, dentro de una convivencia respetuosa.
En Gipuzkoa, la mayoría de los terrenos son privados, y cada propietario decide su aprovechamiento. Albiter ha apostado por las reses bravas, teniendo claro que "si no existieran los 'sokamuturrak', nosotros no tendríamos reses bravas. Todas estas reses irían al matadero".
La res brava es hoy un animal en peligro de extinción, y si desaparecieran los 'sokamuturrak', la raza estaría aún más amenazada. Por ello, el ganadero insiste en que estos animales necesitan un lugar real en nuestra vida y mercado, "Viven principalmente gracias a los 'sokamuturrak'".
En la ganadería Albara, cada res brava participa en unos cinco espectáculos al año, pasando 10-15 minutos en la calle. Esto supone unas 25 horas de trabajo, y a cambio, los 364 días restantes del año viven en libertad en prados y montes, desarrollando su comportamiento natural con sus congéneres.
La esperanza de vida de estos animales es notable: gracias a los 'sokamuturrak', estas vacas viven hasta unos 15 años, envejeciendo junto al ganadero. Albiter admite que si se vendieran como mascotas o sin trabajar vivirían unos 20 años, pero contextualiza la realidad ganadera: "Las vacas, cerdos o pollos destinados a leche o carne viven mucho menos. Las reses bravas llegan a su vejez; los demás animales no".
Asier está preparado para afrontar lo que venga con ganas y fuerza. Su trabajo más intenso comenzará en las próximas semanas, con sus toros presentes en fiestas de localidades como Mutiloa (cita recuperada el 27 de junio), Antzuola (19 de julio), Urduña (25 de julio), y en agosto en Itziar, Zegama y Lapuebla de Labarca, entre otras.




