A principios del siglo XX, la mayoría de los molinos harineros cesaron su actividad debido a la baja eficiencia. Sin embargo, entre los pocos que permanecen en pie en Gipuzkoa, destaca el molino de Igara, un ejemplo de patrimonio histórico situado junto al arroyo Sistiaga.
Este molino hidráulico utiliza un canal para desviar el agua hacia un depósito con una profundidad de 6,5 metros, donde se acumula energía potencial. Al abrir la compuerta, el agua acciona la rueda inferior, que a su vez mueve las piedras de moler para procesar el grano.
Actualmente, el molino funciona como un aula educativa preparada para visitas. El 17 de mayo, con motivo del Día de los Molinos de Gipuzkoa, las instalaciones de Alegia se sumarán a la jornada de puertas abiertas que se celebrará en una treintena de municipios para poner en valor esta tecnología ancestral.




