El engaño táctico en cefalópodos sugiere capacidades cognitivas de alto nivel

Un nuevo análisis de la Universidad de Cambridge explora el engaño táctico en cefalópodos, sugiriendo un alto nivel de cognición.

Imagen de una sepia con patrones de color diferentes en cada lado de su cuerpo, uno para cortejar a una hembra y otro para disuadir a otro macho.
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Imagen de una sepia con patrones de color diferentes en cada lado de su cuerpo, uno para cortejar a una hembra y otro para disuadir a otro macho.

Un nuevo estudio sobre el engaño táctico en cefalópodos sugiere capacidades cognitivas avanzadas, comparables a las de primates y córvidos.

El engaño, la publicidad engañosa, los rumores y la desinformación están presentes en nuestra vida diaria. Los humanos somos capaces de engañar debido a nuestras elevadas capacidades cognitivas. La naturaleza también ofrece numerosos ejemplos de información falsa, como la estrategia del cuco o el mimetismo de Bates. Las aves drongo imitan las llamadas de alarma de otras especies para quedarse con su comida.
Si bien estos son trucos fijos, existe un engaño más “humano”, flexible y adaptable: el engaño táctico. Este utiliza un comportamiento aparentemente “honesto” en un contexto diferente para evitar a otros individuos. El engaño táctico requiere evaluar la propia perspectiva y la del observador, memoria a corto y largo plazo, aprendizaje y evaluación del contexto, todo ello demandando habilidades cognitivas superiores.
El engaño táctico se ha observado en nuestros parientes más cercanos, los primates, y en córvidos. Los monos gelada no emiten sus llamadas de alarma habituales para que el macho dominante no los escuche, y los cuervos ocultan su comida si otros cuervos los observan, pero solo si han sido robados previamente, lo que indica capacidad para ponerse en la perspectiva ajena y buen aprendizaje.
Investigadores de la Universidad de Cambridge han publicado recientemente una revisión sobre el engaño táctico en cefalópodos. Sus habilidades cognitivas son comparables a las de los vertebrados, y algunas hipótesis sugieren que estas capacidades se desarrollaron a medida que el caparazón de los moluscos se reducía.
El estudio describe varios ejemplos. Las sepias macho pueden presentar dos patrones de color distintos en su cuerpo: uno para cortejar a la hembra y otro, en el lado opuesto, para disuadir a otro macho. Las sepias jóvenes a veces adoptan patrones de color de hembra para acercarse a las hembras protegidas por machos más grandes, logrando el apareamiento.
Además, las sepias pueden crear patrones que simulan tener dos ojos en la parte posterior de su cuerpo para engañar a un depredador, especialmente cuando este utiliza la vista para detectar presas. Esta estrategia depende del contexto y del reconocimiento de la amenaza.
El calamar pigmeo (Idiosepius paradoxus) utiliza tinta para confundir o distraer a su presa durante el ataque, permitiéndole emboscarla por otro lado. Otros calamares también usan tinta para escapar de amenazas.
El análisis del equipo de Cambridge plantea preguntas interesantes: ¿Están los cefalópodos realmente practicando un engaño táctico genuino? ¿Y hasta qué punto se puede aplicar a estos animales el concepto de “teoría de la mente”?
Información elaborada a partir de la fuente oficial: Zientzia Kaiera — Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU (02/10/2026)