Carabelas portuguesas, algas tóxicas y otros nuevos habitantes del mar Cantábrico

El aumento de la temperatura del agua y la proliferación de especies invasoras están transformando el ecosistema de la costa vasca y cántabra.

Superficie de mar azul claro con unas pocas carabelas portuguesas (Physalia physalis) translúcidas y de tinte azul flotando cerca de la orilla, con una playa arenosa borrosa y colinas costeras verdes al fondo.
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Superficie de mar azul claro con unas pocas carabelas portuguesas (Physalia physalis) translúcidas y de tinte azul flotando cerca de la orilla, con una playa arenosa borrosa y colinas costeras verdes al fondo.

La costa del Cantábrico experimenta cambios significativos con la habitual presencia de carabelas portuguesas, algas tóxicas y otras especies invasoras, impulsados por el incremento de la temperatura del agua marina.

Un veraneante de los años 80 se sorprendería al ver la costa actual. Más allá de los cambios urbanísticos, le impactarían los nuevos "habitantes" habituales: Physalia physalis (carabelas portuguesas), microalgas tóxicas y otras especies invasoras.
El Informe 2025 del Estado del Clima en Euskadi señala que la temperatura superficial del mar en el golfo de Vizcaya ha aumentado unos 0,25 °C por década desde los 80. En 2023, las anomalías superaron 1 °C respecto al periodo 1991-2020, y los datos posteriores son aún más elevados.
De hecho, la boya costera de Bilbao registró en julio de 2026 la temperatura máxima histórica con 25,4 grados. Esta tendencia confirma la "mediterraneización" del Cantábrico, según expertos.
Además del aumento de temperatura, el alga asiática Rugulopteryx okamurae, que desprende un olor fétido, se está expandiendo. El verano pasado se recogieron miles de toneladas en la playa de Tregandín (Noja), y episodios similares han ocurrido en la costa guipuzcoana.
La carabela portuguesa, Physalia physalis, también es común. No es una medusa, sino una colonia flotante cuyos tentáculos contienen nematocistos con un cóctel de toxinas capaz de causar quemaduras graves y problemas neurológicos. Los vientos intensificados, desplazando el anticiclón de las Azores hacia el norte, facilitan su llegada.
Por otro lado, las microalgas del género Ostreopsis han proliferado en verano. Al romper las olas, sus toxinas se integran en aerosoles marinos, provocando problemas respiratorios, tos e irritación ocular y cutánea incluso a quienes pasean por el litoral.
Científicos coordinan el proyecto Ostreobila para estudiar estos microorganismos y diseñar sistemas de alerta temprana. La estampa actual de la costa difiere mucho de la del pasado, y se espera que los esfuerzos científicos eviten que el ecosistema se degrade aún más.
Información elaborada a partir de la fuente oficial: Cuaderno de Cultura Científica — UPV/EHU (25/09/2026)