La rizartrosis o artrosis del pulgar es una patología frecuente que causa dolor en la mano y dificulta gestos cotidianos. Para entenderla, el doctor David Izal, especialista en Traumatología y Cirugía de la mano del hospital Quirónsalud Vitoria, aclara primero la diferencia con la artritis. La artrosis, explica, es un proceso degenerativo que provoca desgaste en el cartílago, mientras que la artritis es una inflamación de la articulación. La rizartrosis es, por tanto, un tipo de artrosis que afecta a la articulación en la base del pulgar, en la zona de la muñeca.
La causa principal de la rizartrosis es el desgaste mecánico por uso repetitivo, especialmente en actividades que implican hacer fuerza de pinza con torsión. El doctor Izal señala que la edad también es un factor, siendo más frecuente por encima de los 50 años. Además, los factores hormonales juegan un papel crucial, ya que la patología es mucho más común en mujeres después de la menopausia debido a la disminución de estrógenos, que tienen un efecto protector sobre las articulaciones.
Debido a estas causas, el perfil más frecuente es el de mujeres mayores de 50 años con trabajos manuales repetitivos, como peluqueras, trabajadoras de la limpieza o pescateras. Sin embargo, el especialista apunta que "también vemos pacientes con trabajos más sedentarios, pues, de oficina, que también sufren este problema, porque, como digo, pues también influyen otros factores, y entre ellos, pues también la genética".
El principal síntoma es el dolor localizado en la base del pulgar, de tipo mecánico, que aparece al realizar gestos como abrir un tarro, girar una llave o escurrir un trapo. El dolor es subjetivo, pero existen señales de alarma claras que indican la necesidad de buscar ayuda profesional.
“"El momento de consultar sería si el dolor dura más de un mes y no cede con unas medidas básicas"
Según el doctor Izal, se debe consultar a un especialista si las molestias no remiten. "El momento de consultar sería si el dolor dura más de un mes y no cede con unas medidas básicas, pues con un poco de sentido común, que aplicaríamos todos, pues hacer un poco de reposo, alguna pomada antiinflamatoria a nivel local", afirma. También es una señal de alarma cuando el dolor limita actividades básicas de la vida diaria o aparece incluso en reposo o durante la noche.
El diagnóstico de la rizartrosis suele ser sencillo. El especialista explica que "la simple exploración de la mano, en muchas ocasiones, con eso vamos a tener un diagnóstico ya de sospecha muy claro". Para confirmarlo y valorar el grado de desgaste, se realiza una radiografía, una prueba simple y accesible. Solo en casos dudosos se recurre a otras pruebas como una resonancia magnética.
Una vez diagnosticada, es importante saber que, aunque el desgaste no se puede revertir, sí se pueden aliviar los síntomas. De hecho, aproximadamente el 70% de los pacientes se pueden manejar con medidas conservadoras. Estas incluyen modificar las actividades que sobrecargan el pulgar, el uso de férulas para estabilizar la articulación y la fisioterapia para fortalecer la musculatura.
Dentro del tratamiento conservador, también se pueden pautar analgésicos o antiinflamatorios para los brotes de dolor. En casos más intensos, "se puede recurrir también a infiltraciones, que serían, o bien con corticoide, que es un antiinflamatorio, que son las que más se usan, y también se están usando infiltraciones de ácido hialurónico y terapias biológicas como el plasma rico en plaquetas (PRP)", detalla el traumatólogo.
“"Los resultados suelen ser muy buenos en lo que se refiere a, sobre todo, a la reducción del dolor"
Para el 30% de los pacientes en los que el tratamiento conservador no es suficiente, la cirugía es la mejor opción. Existen dos tipos principales de intervención: la cirugía protésica, que sustituye la articulación por una prótesis, y la trapecectomía, que consiste en quitar el hueso dañado (trapecio) y sustituirlo por un tendón del propio paciente.
La cirugía ofrece grandes resultados para mitigar las molestias. "Los resultados suelen ser muy buenos en lo que se refiere a, sobre todo, a la reducción del dolor, y además se consigue mantener una buena movilidad del pulgar", asegura el doctor Izal. La fuerza para actividades cotidianas se recupera, aunque no tanto para trabajos pesados. El tiempo de recuperación varía entre los 3 y 6 meses, dependiendo del tipo de cirugía realizada.




