Con el inicio del festival, los alrededores de San Mamés han registrado un flujo constante de aficionados. Los asistentes han procedido a la recogida de pulseras y al uso de los servicios de autobús hacia Kobetamendi, esperando congregar a unas 115.000 personas a lo largo de las jornadas.
Más allá de la oferta musical, el festival atrae a un público que valora la experiencia global. Muchos asistentes han señalado que la ubicación y el ambiente son los principales atractivos, por encima de los nombres del cartel. Los participantes destacan que el evento es una oportunidad para descubrir nuevos grupos y disfrutar del clima de Bilbao.
La cita cuenta con un carácter internacional, atrayendo a visitantes del resto de España y de países como Reino Unido, Francia o Italia, además del público local. Quienes acuden por primera vez definen la experiencia como una aventura motivada por la buena reputación del festival.
El impacto del festival trasciende lo musical, generando un retorno económico en Bilbao que en la edición anterior rondó los 23,6 millones de euros, beneficiando a sectores como la hostelería, el comercio y el transporte. Muchos visitantes aprovechan su estancia para realizar turismo y visitar lugares como el Museo Guggenheim.




