Las crisis de los últimos años, como la pandemia, los conflictos geopolíticos y el aumento de los precios de la energía, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sistema alimentario. Las decisiones tomadas a miles de kilómetros afectan directamente al suministro y los costes de los productos cotidianos.
En este contexto, Biziola considera «cada vez más importante» hablar de soberanía alimentaria, es decir, «la capacidad de los pueblos y comunidades para decidir, organizar y desarrollar su propio sistema alimentario». No se trata solo de producir alimentos, sino de considerar cómo se producen, de dónde provienen y qué aportan al territorio.
La cooperativa considera «imprescindible reducir las dependencias externas» en los sistemas de producción. Las producciones basadas en recursos locales tienen mayor resiliencia y fortalecen la economía del territorio, mientras que la necesidad de importar piensos, fertilizantes o energía desde lejos debilita el sistema.
El sistema de indicadores desarrollado por Biziola y los productores de Goierri, a través de diez métricas, analiza la sostenibilidad, autonomía y contribución social de los proyectos agrícolas, marcando la dirección hacia la transición ecosocial.
En la primera fase del diagnóstico, se analizaron veinte proyectos agrícolas de Goierri. Los resultados muestran una base sólida para la transición ecológica, pero también retos fundamentales: rentabilidad económica, mejora de las condiciones laborales, aumento de la disponibilidad de materias primas locales, mejora de los sistemas de energía y envasado, y alivio de la carga administrativa.
Entre los puntos fuertes, se destacan el uso de prácticas agroecológicas, el bienestar animal, la diversificación de los proyectos, la producción ecológica (100% en horticultores), la transformación de alimentos con materias primas locales y la venta directa.
Entre los principales retos, se mencionan la dependencia de piensos y cereales ecológicos (a menudo de fuera de la comarca), las dificultades para alquilar pastos, el uso de plástico en el envasado, el alto consumo energético, las largas jornadas de los productores y la burocracia.
Biziola subraya que la soberanía alimentaria no es solo responsabilidad de los productores. «Los consumidores también tenemos un papel», señalan, recordando que en cada compra tenemos la opción de apoyar un sistema que priorice la economía local y el cuidado del medio ambiente.
Para socializar el sistema de indicadores y promover la reflexión colectiva, Biziola ha organizado talleres, charlas y visitas a productores desde junio hasta septiembre.




