Hace 80 años, los primeros gigantes llegaron a Beasain desde Barcelona en ferrocarril. Desde entonces, estas figuras forman parte de la vida del municipio y se han convertido en una imagen habitual de las Loinatz Jaiak y de otros actos culturales a lo largo del año. Este año, además, la efeméride coincide con otro aniversario destacado: el 40 cumpleaños de Mari y Basajaun, dos de los gigantes más queridos de la localidad.
Ambos permanecen actualmente en el taller. No han salido estas fiestas y su ausencia se ha notado, especialmente entre los más pequeños, que preguntaban dónde estaban. “Les decíamos que estaban en el monte, en Murumendi”, cuenta Jesús García (Beasain, 1998), presidente de la comparsa Ekaitz. La realidad es menos misteriosa: están siendo restaurados para recuperar la altura con la que fueron creados hace cuatro décadas.
Mari y Basajaun fueron diseñados por el irundarra Xabier Garate por encargo del Ayuntamiento, junto a varios cabezudos. Cuando nacieron alcanzaban los 4,40 metros de altura y llegaron a ser los gigantes más altos de Euskal Herria. Años después, sin embargo, su tamaño se redujo hasta los 3,50 metros, igualándose al resto de figuras. Ahora, Jesús García trabaja para devolverles su altura original y recuperar así ese reconocimiento histórico. Con esa misma altura, Mari y Basajaun figuran también entre los gigantes bailables más altos del Estado.
En su taller de Tolosa, García combina la restauración de estas figuras con la creación de nuevos proyectos. Entre ellos, tres pequeños gigantes que tiene previsto regalar al pueblo.
Cabe destacar que su relación con este mundo comenzó mucho antes. Y es que recuerda que siempre le llamaron la atención sus dimensiones, los colores y los bailes. La afición le viene desde niño. Con nueve años pidió a su aita un gigante pequeño. Y el deseo se cumplió. Con él desfilaba tras los grandes.
Hoy lidera una comparsa que vive uno de sus momentos de mayor actividad. Aunque Ekaitz apenas tiene cuatro años como agrupación organizada, detrás hay personas que llevaban mucho tiempo manteniendo viva esta tradición de manera más informal en Beasain.
Actualmente, alrededor de 30 personas forman parte del grupo, aunque no todas son portadoras de gigantes. Algunos se encargan también de los cabezudos. Y es que llevar un gigante no es sencillo: todas las figuras superan los tres metros de altura y rondan los 40 kilos de peso, lo que obliga a trabajar la coordinación, el equilibrio y, sobre todo, la resistencia.
Los ensayos se realizan cada miércoles. Allí preparan las coreografías que después se ven en la calle. El propio García se encarga de diseñarlas y enseñarlas. Primero ensayan los pasos sin gigantes y después llega el momento de ponerse bajo las figuras.
Hoy en día, la comparsa cuenta con seis gigantes y ocho cabezudos. Tres de estos últimos representan a personas conocidas del municipio: Koxkolo está inspirado en Pello Irizar, músico y compositor local; Vagonero representa a Imanol Galarreta, exfutbolista y carpintero; y Pitxu recuerda a Pedro Urretabizkaia, antiguo agente de la Policía Municipal. El resto de cabezudos pertenece a la mitología vasca: Sorgina, Mateo Txistu, Akerbeltz, Zezengorri y Errementari.
Desde Ekaitz aseguran que el interés por los gigantes y cabezudos ha crecido en los últimos años. Jesús García cree que, poco a poco, también está cambiando la forma en la que se mira esta tradición en Beasain. “Ahora siento que se les empieza a dar el reconocimiento y el lugar que merecen”, explica.
Ese crecimiento también trae nuevos retos. La comparsa busca nuevas incorporaciones, especialmente mujeres, ya que actualmente solo dos forman parte del grupo. Además, el local del que disponen se ha quedado pequeño para guardar y trabajar con unas figuras de grandes dimensiones. La petición de un espacio más amplio ya ha sido trasladada al Ayuntamiento, propietario de los gigantes y cabezudos, aunque por ahora sigue sin resolverse.




