A pesar de que en la sociedad actual se habla constantemente de bienestar y salud mental, muchas realidades se disfrazan en ciertas organizaciones. Numerosos trabajadores sienten inquietud los domingos por la tarde al pensar en el día siguiente, y algunos pasan la noche sin poder dormir.
La sociedad capitalista nos impulsa a una producción constante, a menudo más allá de los límites 'saludables', y hemos llegado a normalizarlo. Sin embargo, no es normal estar encadenado al trabajo, hacer horas extra, tener miedo de hablar con el superior, tener la mente ocupada fuera del horario laboral, soportar una presión inmensa, realizar tareas ajenas a las propias sin remuneración, temer al lunes, o pensar que todo esto es normal.
Los entornos laborales deben ser seguros, cuidando la salud física y psicológica de los trabajadores. Muchas organizaciones declaran promover el respeto, la empatía, la diversidad, la inclusión y el bienestar, pero en la práctica, a menudo, solo son bellos discursos, y al indagar en el terreno, se encuentran profundos agujeros.
Gestionar situaciones de última hora, sorpresas y múltiples tareas que recaen sobre una misma persona puede ser agotador. Ser resiliente es la capacidad de afrontar obstáculos, pero ver cómo se aprovechan de uno no lo es.
En algunos casos, se quejan de que hay muchas bajas por ansiedad o depresión. Si las condiciones laborales fueran realmente dignas, estas situaciones no ocurrirían con tanta frecuencia. No obstante, es más fácil culpar al trabajador de todo.
Los entornos laborales seguros son un derecho, y para garantizarlos, es fundamental centrar la salud mental y trabajar en la prevención.




