Durante los meses de verano, sobre todo en junio y julio, la ciudad de Gasteiz se ve inmersa en un torbellino de eventos, fiestas y conciertos. El verano en la capital se define, en cierto modo, como un "puro frenesí", donde la programación cultural y deportiva se mantiene de forma continua tanto al aire libre como en salas.
La oferta de este año es igualmente extensa. El festival Kaldearte ha ofrecido 32 compañías y 58 espectáculos gratuitos. Además, las carreras Gazteklasika y Errota Anitza han sido otras opciones. En los próximos días se celebrarán Azkena Rock y el Día de la Música, y a finales de mes comenzará el Festival de Naciones. En julio, llegarán Aztarna Beltza, Jazzaldia y el Día de Blusas y Nesken, entre otros.
Las fiestas de los barrios también son un componente importante. En junio ya se han celebrado las de Arana, Txago, Santa Luzia, Adurtza e Ibaiondo. Ahora llegan Judimendi y Arriaga para San Juan, seguidas por el Casco Viejo, Salburua y Aranbizkarra, estas últimas en julio y otoño. En agosto, por supuesto, tendrán lugar las fiestas de la Virgen Blanca, con su nutrida programación.
En teoría, el verano y las vacaciones son para descansar y recargar pilas, pero la abundancia de eventos atractivos genera una constante llamada y estímulo. Si bien es importante que la oferta sea variada y accesible para que la gente disfrute de la cultura, ¿es necesario que sea con tal "saturación"? Desconectar es difícil en una ciudad de tamaño medio, donde los eventos se propagan por todas partes: en la calle, en las noticias, en las redes y en las conversaciones.
En la adolescencia, en verano, incluso había tiempo para aburrirse. Las vacaciones eran más largas, la oferta y los planes eran mucho menores, y probablemente había más calma. Hoy en día, la tranquilidad y la paz se valoran cada vez más, como antónimo del frenesí.




