Manu Colino, técnico de ingeniería de I+D de Ulma Construction, obtuvo hace siete años el premio Galbaian al mejor inventor, reconociendo el importante esfuerzo inversor que realiza la cooperativa de Oñati en actividad inventiva. Según afirma, “una patente proyecta una imagen de empresa comprometida con la innovación”, además de otorgarle la exclusividad de una solución técnica que contribuye a fortalecer su competitividad.
Colino explica que patentar un producto en su totalidad es complicado, “a no ser que sea absolutamente rompedor”, por lo que es más habitual solicitar la protección a una o varias soluciones técnicas que se incorporan al producto. Por lo general, un equipo comienza a desarrollar un proyecto y es entonces cuando completa etapas y puede comprobar si lo ideado supera lo que existe en el mercado.
“Lo más complicado es conseguir una solución innovadora que mejore sustancialmente lo que ya existe”, advierte Colino, quien añade que "sea algo que el cliente aprecie". En esta línea, recuerda que un mismo producto puede requerir varias patentes; como ejemplo señala que uno de Ulma Construction tiene hasta ocho protecciones de este tipo. La propuesta por la que fue galardonado en 2019 es un sistema de encofrado que, entre otras ventajas, reduce el coste y requiere de menos personal para su instalación.
“Tiene que haber un salto importante, lo más difícil es proponer algo que un especialista en la materia no pueda deducirlo”, incide. La solicitud no está exenta de riesgos porque, tal y como relata Colino, el solicitante tiene que informar sobre cómo ha ideado la solución técnica, y esta explicación se encuentra accesible a la competencia que, “como es lógico, puede intentar superar lo que has hecho”.
En cualquier caso, considera que los beneficios superan a las desventajas puesto que la patente “es un fuerte impulso a la mejora” de una organización empresarial y “el poder que tiene es muy grande”.
Junto a la imagen positiva de la empresa, cita la exclusividad comercial que otorga en el país para el que se ha pedido esta protección. A este respecto, sin embargo, recomienda estudiar bien los mercados, puesto que el coste de obtener una patente es alto, y quizá “no se justifique en un país con un mercado muy pobre” para un producto concreto.
Consultado sobre el impacto que puede tener la inteligencia artificial en la actividad inventiva de las empresas, el técnico de ingeniería de I+D de la cooperativa de Oñati recuerda que, en la actualidad, está prohibido que la inteligencia artificial sea inventora. De cualquier modo, expresa sus dudas de que “la IA pueda llegar a inventar algo” porque de momento su función se limita a emplear información y datos para dar respuestas.
Lo que sí subraya es la importancia de contar con consultoras como Galbaian que actúen “como un departamento más de la empresa” para elaborar unos informes muy exigentes y con un lenguaje muy medido y adaptado a las condiciones de concesión de patentes que no es común en el personal técnico.




