El nombramiento de Jokin Aranbarri como máximo responsable del Eibar simboliza la apuesta del club por un modelo de crecimiento interno y una filosofía que concede cada vez mayor importancia al desarrollo del talento propio.
Aranbarri no llega a Ipurua como un desconocido. Su trayectoria está estrechamente ligada al Eibar desde hace una década. En 2016 se incorporó a la estructura del fútbol base y, desde entonces, fue superando cada una de las etapas del organigrama deportivo. Dirigió equipos cadetes, pasó por el Juvenil de División de Honor y, posteriormente, asumió la responsabilidad del CD Vitoria, el filial azulgrana.
Precisamente fue al frente del segundo equipo donde terminó de consolidarse como entrenador. Durante tres temporadas construyó un grupo competitivo que culminó su crecimiento con el ascenso a Segunda RFEF en la campaña 2023/24. Aquel éxito le abrió las puertas del Bilbao Athletic, donde ha completado las dos últimas temporadas en Primera Federación, una experiencia que le ha permitido seguir acumulando bagaje.
Una de las principales virtudes que se le atribuyen es su capacidad para formar futbolistas. Numerosos jugadores que pasaron por sus equipos han terminado dando el salto al fútbol profesional, tanto en el propio Eibar como en otros clubes de Segunda División. Ese trabajo de formación encaja plenamente con la idea de club que la entidad pretende consolidar en los próximos años.
No es casualidad que la dirección deportiva haya apostado por un perfil como el suyo. El crecimiento del fútbol base y la puesta en marcha definitiva de la Ciudad Deportiva de Areitio convertirán la cantera en un activo todavía más importante para el futuro de la entidad. En ese contexto, contar con un entrenador que conoce la metodología del club, el recorrido de muchos jóvenes y las exigencias del fútbol profesional supone una ventaja significativa.
La elección también lanza un mensaje claro. El Eibar quiere que exista un camino real entre la cantera y el primer equipo, no solo para los futbolistas, sino también para los entrenadores. Aranbarri se convierte en el mejor ejemplo de esa filosofía. Tras años de trabajo discreto y constante, ha encontrado la oportunidad de dirigir al primer equipo sin haber quemado etapas.
Durante el proceso de selección aparecieron otros nombres ligados al club. Finalmente, la entidad se decantó por Aranbarri, convencida de que reúne el equilibrio entre experiencia, conocimiento de la casa y capacidad para liderar un vestuario que la pasada temporada firmó una segunda vuelta histórica.
Ahora comienza el desafío más importante de su carrera. Con una plantilla que mantiene buena parte del bloque del pasado curso y un proyecto que aspira a volver a pelear por estar arriba, Aranbarri tendrá la responsabilidad de dar continuidad al crecimiento del equipo sin renunciar a uno de los principios que mejor domina: hacer progresar a los futbolistas. Ese, precisamente, ha sido el sello que ha marcado gran parte de su trayectoria y el motivo por el que el Eibar ha depositado en él su confianza para abrir un nuevo capítulo en Ipurua.




