Oskar Benitok ha escrito un artículo de opinión dirigido al actual ayuntamiento y a los agentes políticos de la oposición, compartiendo sus vivencias pasadas y debatiendo sobre la falta de espacio público para músicos en Laudio. El autor aclara que nunca tuvo la intención de atacar personalmente a nadie y lamenta que la respuesta a una crítica legítima haya sido una reacción individual de enfado, especialmente por la presión ejercida sobre el medio local Aiaraldea Komunikabidea.
Benito también ha pedido aclaraciones sobre la fotografía que acompañaba su texto. Según él, la imagen de la 'reocupación de la Casa de Pinturas' no fue su elección, sino que fue seleccionada por el medio para dar contexto. Le resulta doloroso que una imagen de archivo sirva para patrimonializar la lucha de un colectivo entero y poner en duda la presencia de quienes están fuera de ese encuadre específico.
Ha recordado que la memoria colectiva de la autogestión en Llodio es heterogénea, surgida de la unión de anarquistas, autónomos, independentistas y militantes de la izquierda abertzale. Ha subrayado que no existe un único relato y ha mencionado varios incidentes concretos:
En los años 1989-1990, la primera orden de desalojo de la Casa de Pinturas (Skuata) en 48 horas llegó bajo el mandato del ayuntamiento de Herri Batasuna. La respuesta de la asamblea fue firme, y el ayuntamiento tuvo que retroceder tras negociar y mejorar la instalación eléctrica.
Posteriormente, el PNV la desalojó definitivamente. Ante esto, la asamblea de Skuata, el Colectivo Txitxarra, continuó reuniéndose en la Casa de Cultura de Llodio para planificar la 'reocupación'. El autor recuerda que en aquel día se repartieron roles, con algunos en el tejado y otros encadenados abajo, resistiendo el desalojo.
Los que estaban abajo, junto a estudiantes y vecinos de Llodio, mostraron solidaridad en la calle, sentándose frente a las furgonetas y recibiendo golpes, defendiendo la libertad de los compañeros detenidos. El autor afirma que el no recordar su participación no borrará los golpes recibidos ni la solidaridad mostrada por los grupos musicales en los que participaba.
En los años 2000-2001, cuando los músicos se quedaron sin alternativa pública y autogestionaron un espacio privado, el ayuntamiento de la izquierda abertzale (bajo las siglas Euskal Herritarrok/Batasuna) impuso otra orden de desalojo de 48 horas argumentando incumplimiento de normativas de seguridad. Una vez más, el ayuntamiento tuvo que ceder ante las protestas de los músicos en la asamblea vecinal y el pleno, logrando el apoyo ciudadano.
El autor salta a la situación actual, donde quien ocupa el sillón de alcalde, según él, ofrece el mismo resultado para los músicos independientes: ninguna cesión de locales públicos. Actualmente, se han gastado 30.000 euros de dinero público en un estudio privado sobre necesidades culturales, mientras los espacios públicos permanecen vacíos y los grupos musicales pagan locales privados.
El autor lamenta si el texto ha afectado personalmente a su compañero, pero subraya que nunca fue esa la intención y lo considera un amigo, aunque no sea recíproco.




