La organización Lantegi Batuak, situada en el polígono industrial Txaporta de Gernika-Lumo, ha invertido 2,2 millones de euros en la renovación integral de sus instalaciones. Este centro, referente en la economía social de Bizkaia, integra a 147 personas en su ecosistema humano. El verdadero valor de la inversión no se mide en la renovación de sistemas térmicos o el pulido de suelos, sino en las historias de superación de quienes acuden diariamente.
María Zabala, recepcionista del centro, da la bienvenida y explica que a las 8 de la mañana tiene todo preparado para sus tareas diarias, incluyendo su labor como locutora de la radio interna que informa a todos los empleados.
Bajo el ritmo industrial de cortadoras neumáticas y el siseo del aire comprimido, late un engranaje más profundo: el del desarrollo humano y la inclusión sociolaboral. Mantener los exigentes estándares de entrega para multinacionales eléctricas como Ormazabal, MESA, Plastibor y Arruti Group, mientras se reestructuraba el edificio, ha requerido una coordinación milimétrica. Para inmortalizar este hito, una pared principal luce un mural-homenaje con los nombres de la plantilla actual y los veintiún pioneros que abrieron el histórico taller Aixerrota en 1977. 'Es un reconocimiento a haber resistido y trabajado juntos, sin parar las máquinas', explica el responsable de planta, Igor Ibarguengoitia.
El edificio se divide ahora en dos realidades conectadas: la planta baja, dedicada a la precisión electromecánica, y la planta superior, transformada en un ecosistema enfocado al bienestar personal y crecimiento emocional de los 36 usuarios del servicio ocupacional. Los espacios remodelados albergan salas de actividad, vestuarios y un comedor. Durante la semana, se imparten talleres de lectura fácil, expresión corporal, arteterapia y musicoterapia, buscando potenciar 'el desarrollo personal, afectivo y la socialización del grupo, dotándoles de herramientas indispensables para su día a día', detalla Ibarguengoitia.
El momento cumbre de la semana es el taller de cocina los viernes. Hoy el menú es arroz con leche. Mikel Colina, responsable y dinamizador de la actividad, coordina el pesaje de porciones con calma. 'Este taller nos da la oportunidad de trabajar muchas cosas distintas, fundamentalmente la autonomía diaria y personal', explica Colina. Los grupos rotan quincenalmente en equipos pequeños para asegurar apoyo individualizado, y son ellos mismos quienes eligen la receta. 'La semana pasada hicimos ensalada rusa... ¡y luego nos lo comemos todo!', comentan entre risas.
Al bajar a la zona manufacturera, el ruido se intensifica, revelando un sistema organizativo impecable dividido en cuatro secciones productivas y un gran almacén central. La estrategia sociolaboral de Lantegi Batuak brilla con la ingeniería de la accesibilidad cognitiva y física. Ibarguengoitia explica que el secreto radica en la desfragmentación de los procesos: 'un encargo complejo, como el montaje técnico de un gran cuadro eléctrico de distribución, se descompone en pequeñas subtareas consecutivas'.
En la primera hilera de mesas, máquinas automáticas cortan y pelan mangueras de cables; en la siguiente, se identifican y sueldan conexiones; posteriormente, se realiza el engarce y crimpado de terminales, hasta el ensamblaje final. De esta forma, cualquier persona, independientemente de su grado de discapacidad intelectual o física, se convierte en un eslabón eficiente, productivo y competitivo. En una de estas mesas se encuentra Edurne Torrealdai, vecina de Gernika de toda la vida, quien encarna el éxito de la estabilidad laboral dentro de la economía social. Lleva catorce años trabajando en el centro, especializada en la colocación minuciosa de terminales en hilos de cobre. 'Estoy muy bien aquí, muy contenta y muy tranquila con mi trabajo de cada día', confiesa.
Por otro lado, uno de los objetivos del centro es la promoción y transición a empleo con programas como el de alternancia, a través del cual trabaja Paul Legarreta, un joven de Gernika de 23 años, quien tras tres años en el servicio ocupacional, 'ahora trabajo en formación en alternancia', relata desde una de las líneas más dinámicas del centro.
Oda El Badaui, de 24 años y con tres años de experiencia en la organización, comparte su satisfacción mientras opera en una sección de montajes diferenciados mediante troqueladoras específicas. Ha pasado por varias áreas de la nave y destaca el valor social del centro: 'he estado en diferentes secciones, he aprendido cosas nuevas este año', lo que la capacita para cualquier puesto de la línea de trabajo.
Esta red de inserción generó el pasado año un Valor Social Integrado de 3,48 millones de euros en Gernika-Lumo, un indicador que demuestra cómo cada euro invertido multiplica el bienestar de las familias, dinamiza las administraciones y devuelve dignidad social a un colectivo que reclama su espacio legítimo en el tejido laboral vizcaíno.
Al final de cada jornada, las luces de Txaporta se apagan, pero queda en el aire el eco de un taller donde los circuitos eléctricos se ensamblan con el hilo del ecosistema humano.




