Antes de la medianoche, en el garaje de Cruz Roja en Vitoria-Gasteiz, los voluntarios se preparan. Calientan café, preparan bocadillos y revisan mantas y sacos de dormir. Posteriormente, varios vehículos inician su recorrido por las calles de la ciudad para buscar a las personas que pasarán la noche a la intemperie.
Estas son las Unidades de Emergencia Social (UES), un servicio que atiende a personas sin hogar durante todo el año. Les ofrecen comida, bebida caliente y kits de higiene.
Josebe Amado, una voluntaria, lleva más de una década en estas rutas. "Oí hablar de este proyecto de las UES y pensé: voy a echar un vistazo", recuerda. Al principio eran solo cuatro voluntarios, pero le gustó tanto la experiencia que ha continuado desde entonces.
“"Para mí es una satisfacción poder hacer algo por las personas que están en situación de calle. Al cabo de la noche piensas: sé que esta persona hoy ha comido algo caliente."
Las UES operan en Vitoria-Gasteiz desde 2014. Suelen salir al menos cuatro noches por semana, aunque el programa está preparado para funcionar de lunes a viernes. Las rutas comienzan sobre las 22:00 y terminan cerca de la una o las dos de la madrugada. La primera parada es siempre el garaje de Cruz Roja, donde algunas personas ya esperan.
El número de personas atendidas varía según la época del año. En algunas noches, atienden a 70, 80 o incluso cerca de 100 personas. El invierno es el momento más duro y cuando encuentran a más gente en la calle.
Josebe recuerda que han encontrado a más gente en lugares como el Conservatorio Jesús Guridi y en el barrio de El Pilar, donde llegaron a formarse asentamientos improvisados.
Contrario a lo que muchos podrían pensar, el frío no vacía las calles; a veces ocurre lo contrario. Muchas personas intentan pasar la noche en albergues o recursos temporales, pero no siempre hay sitio. "La temporada de frío es cuando más gente hay", explica Josebe, "los albergues no dan para todas las personas".
En 2025, contabilizaron alrededor de 200 personas sin hogar, y en lo que va de 2026 ya rondan las 130. La mayoría de los atendidos son hombres mayores de 40 años, aunque también hay mujeres, en menor número. Detrás de cada caso hay historias diversas: problemas económicos, familiares o situaciones personales complejas.
“"Yo no miro que estén en situación de calle. Miro que son personas."
No todas las noches son fáciles. A veces alguien rechaza la ayuda o no quiere ser despertado. También hay preocupación al terminar la ruta y volver a casa: "Espero que mañana esté bien, que no haya pasado nada", reconoce.
Después de doce años saliendo a la calle, Josebe tiene claro qué pediría a la gente: "Más respeto y empatía". Porque, como repite varias veces, "no son bichos raros. Son seres humanos".