Ricardo Jiménez, el médico irundarra, ha puesto punto y final a casi cuatro décadas de servicio al CD Bidasoa, recibiendo la Insignia de Oro del club. A partir de ahora, podrá sentarse en su asiento de socio y ver al equipo desde la grada.
Su trayectoria comenzó en 1985, a raíz de un incidente con un jugador juvenil del Bidasoa que sufrió mareos en un entrenamiento. Tras realizarle pruebas, se le diagnosticó una patología cardíaca. Al año siguiente, en 1986, fue contactado para encargarse de los reconocimientos médicos. Las primeras pruebas de esfuerzo se realizaron en Zubieta, con la ayuda de Marco Boronat.
Jiménez ha recordado momentos clave de su carrera, como la consecución de la primera liga, coincidiendo con el paso a Artaleku y el primer título importante. Ha señalado que no fue causalidad, sino "casualidad". También ha rememorado el terrible arbitraje sufrido en la primera final europea en 1991, que le supuso su única expulsión del banquillo.
Ha evocado a jugadores como Wenta y Gislason, destacando su calidad y compromiso. También ha rememorado la final de la Copa de Europa de 1995, calificando la defensa del equipo como "tremenda". Jiménez ha descrito la sensación de ir hacia el campo con policía motorizada y sirenas como si estuviera "en una película americana".
Ha mencionado la difícil situación económica del club, especialmente en el partido contra el Ademar B en 2007, donde esperaron el resultado de otra pista para evitar el descenso. Ha valorado la gestión de Fernando Herrero ante la falta de cobro de los jugadores durante mucho tiempo.
Conserva un buen recuerdo del ascenso de 2016, etapa en la que Fernando Bolea asumió una gran responsabilidad. Ha recordado una reunión en su casa con Juantxo, Sopalovic y Muiña para reforzar al equipo.
Jiménez ha enfatizado que para crecer en el deporte es necesario tener "un componente de valentía", sin dejar de ser responsable. Ha señalado que, en comparación con la magnitud de la ciudad, las instalaciones deportivas de Irun se han quedado rezagadas.
Sobre la relación entre médicos y entrenadores, Jiménez ha dejado claro que su objetivo siempre ha sido "no traspasar una línea roja", manteniendo el rendimiento como meta del deporte de alto nivel, pero priorizando la salud. En general, se ha sentido "muy respetado" en el balonmano.
Finalmente, ha expresado que recibir la Insignia de Oro es "gratificante" y que recordará su paso por el CD Bidasoa como parte de un "proyecto tan bonito".




