“Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana, y el hombre se ve finalmente obligado a confrontar las condiciones de su vida, sus relaciones con los demás”. Estas palabras resuenan en la mente de dos estudiantes inmersos en la preparación de sus exámenes de selectividad, mientras comparten una mirada fugaz en la biblioteca. En medio de la tensión y la preocupación por las notas, un impulso inesperado los lleva a un acto de rebeldía, dejando de lado sus estudios para confrontar una pasión mutua.
Poco antes del examen, se dan cuenta de que han descuidado el estudio del materialismo histórico. Ante la inminente llegada del examen y la falta de tiempo, la única opción para aprobar parece ser copiar. Se sienten parte de una generación que ha olvidado una tradición centenaria: la digitalización ha reemplazado lo tangible y lo sagrado, obligando al estudiante a enfrentar la cruda realidad de no saber cómo hacer 'chuletas'.
En un artículo publicado recientemente en el periódico Berria, Peru Amorrortu Barrenetxea lamenta la desaparición del arte de las 'chuletas', esas notas microscópicas utilizadas para copiar en exámenes. La llegada de smartwatches, ChatGPT y gafas inteligentes ha desplazado estas técnicas tradicionales. El autor destaca cómo la creatividad estudiantil era clave en esta batalla contra los profesores, utilizando métodos ingeniosos como escribir fórmulas matemáticas en los pliegues de la mano o transformar un bolígrafo Bic en la tabla de Mendeleiev.
Las técnicas de 'chuleta' se transmitían de generación en generación, y cada nueva promoción se esforzaba por perfeccionar las heredadas, dedicando a menudo más tiempo a la fabricación de la 'chuleta' que al estudio del propio tema. El dominio de este arte también desarrollaba una fe particular, como ilustra el recuerdo de un compañero que, habiendo preparado una 'chuleta' solo para Platón, tuvo la suerte de que ese fuera el autor que le tocó en el examen de Filosofía.
Finalmente, el autor sugiere que el arte analógico de las 'chuletas' podría tener una forma de supervivencia en la era de los tatuajes. Los jóvenes de hoy en día podrían disimular fácilmente sus notas de ayuda entre las ilustraciones permanentes de sus cuerpos. Aunque no sea el método más sencillo para copiar, los 'chuletistas' de generaciones anteriores mirarían con orgullo, proclamando que 'la cadena no se ha roto'.




